Si hubiera que señalar el partido del Grupo K que nadie en el mundo del fútbol querrá perderse, no haría falta deliberar demasiado. Portugal contra Colombia es el encuentro de dos selecciones que en cualquier otro grupo serían favoritas absolutas para el primer puesto. Aquí tendrán que ganárselo la una a la otra.

Lo que convierte este partido en algo más que una disputa de liderato es la carga narrativa que lo rodea: el posible último Mundial de Cristiano Ronaldo y el momento de madurez de una Colombia que ya no acepta el papel de candidata oscura.

El peso de cuarenta y un años y doscientos goles

Cristiano Ronaldo tiene 41 años. Tiene más de 200 goles internacionales. Y tiene la reputación de ser el único jugador en la historia capaz de convertir su propio retiro en un argumento dramático que dure tres semanas.

Si Ronaldo está en la convocatoria portuguesa para este Mundial —y el debate sigue abierto— cada aparición suya contra Colombia tendrá la intensidad de una despedida aunque ninguna de las dos partes la llame así. El estadio lo sabrá. Las cámaras también.

Pero más allá de la narrativa, el debate táctico sobre Ronaldo es genuino. Roberto Martínez ha construido un sistema en el que el PPDA del equipo sube significativamente cuando Ronaldo juega de titular: el pressing portugués cae en intensidad porque el máximo goleador de la historia internacional no presiona. Contra una Colombia que construye desde atrás con Richard Ríos y Lerma como pivotes, ese relajamiento defensivo en la primera línea puede ser la rendija por la que Luis Díaz encuentra el primer metro de ventaja.

Si Ronaldo juega, Portugal tiene el área. Si Ronaldo no juega, Portugal tiene el pressing. Contra Colombia, las dos cosas importan en igual medida.

Colombia ya no acepta el papel de sorpresa

Néstor Lorenzo ha construido algo que pocas selecciones sudamericanas han conseguido en los últimos veinte años: un equipo que presiona como Europa y transiciona como Sudamérica. Las cifras de PPDA de Colombia en las eliminatorias —comparables a las de selecciones europeas de élite— no son un accidente estadístico. Son el resultado de dos años de trabajo sistemático en cómo recuperar el balón en campo contrario.

Luis Díaz es la pieza que convierte ese sistema en amenaza real. No es solo el extremo que desborda por izquierda: es el jugador que presiona, que recupera, que aparece en el área cuando se le espera en la banda. Su temporada en el Liverpool le ha dado la referencia de la Champions League que esta generación colombiana necesitaba para no sentirse pequeña ante nadie. Esa experiencia se va a notar en los primeros veinte minutos contra Cancelo.

Porque el choque más fascinante de este partido no es Ronaldo contra Colombia. Es Díaz contra el carril derecho portugués —donde Cancelo sube alto y Bernardo Silva corta al interior— y cómo cada uno de los dos equipos intenta capitalizar las transiciones que ese duelo va a generar.

Dos presiones altas, un partido que se decide en las segundas jugadas

Lo que hace impredecible el Portugal vs Colombia es que ninguno de los dos equipos tiene el perfil del equipo que espera y administra. Los dos presionan, los dos transicionan rápido, los dos tienen jugadores capaces de resolver en espacios reducidos. Eso significa que no habrá períodos de control tranquilo para ninguno.

Será un partido de segundas jugadas: de quién llega antes al balón suelto en el mediocampo, de quién tiene más piernas frescas en el minuto 75, de quién ejecuta mejor el córner en el área pequeña. Bernardo Silva contra Richard Ríos es el duelo que decidirá qué equipo controla más tiempo el partido sin la pelota —que es, paradójicamente, lo que define al que más cómodo se siente con ella.

Si Portugal gana, Ronaldo —esté o no en el campo— se convertirá en el protagonista inevitable de la narración. Si Colombia gana, la hinchada cafetera que paraliza al país cada vez que la selección juega habrá encontrado su argumento definitivo para creer que este es el torneo de una generación.

Lo que no habrá, en ningún caso, es un resultado que deje todo igual.


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