El fútbol tiene muy pocas verdades absolutas, pero una de ellas lleva el escudo del Real Madrid bordado en el centro: este club no entiende la palabra imposible cuando el marcador en contra es de dos goles y el partido de vuelta se juega en una noche europea. Lo ha demostrado con el Manchester City, con el PSG, con el propio Bayern en ediciones anteriores. La memoria madridista es un depósito de lo inverosímil que el club activa cada vez que la lógica dice que la eliminatoria está perdida.
El problema de apelar a la historia es que la historia no tiene memoria propia. No recuerda que este Madrid llega al Allianz Arena sin Courtois, a siete puntos del Barcelona en LaLiga, y con un esquema que el miércoles pasado quedó al descubierto de la forma más nítida posible. Xabi Alonso desmontó a su ex equipo pieza por pieza en el Bernabéu. Hacerlo de nuevo en casa, con ventaja, en un estadio que el Bayern no ha perdido en Champions esta temporada, no es un reto menor. Es casi una trampa.
El dilema de Ancelotti: atacar y morir o esperar y sufrir
Carlo Ancelotti llegará al Allianz Arena con una decisión táctica que no tiene solución perfecta. Si el Madrid sale a buscar los goles desde el inicio con presión alta y amplitud de bandas, abre los espacios por los que el Bayern hizo daño en el Bernabéu. Si el Madrid espera detrás buscando golpear al contragolpe, le regala al Bayern la posesión que prefiere y le permite construir con calma.
El camino más razonable parece el segundo: contener durante la primera media hora, intentar marcar de contragolpe antes del descanso, y ajustar en función del marcador. Pero ese plan requiere que el Madrid aguante sin encajar en un estadio donde el Bayern lleva quince partidos seguidos marcando en Champions. La resistencia defensiva que el equipo blanco no pudo sostener en el Bernabéu tendrá que aparecer en el Allianz.
La gran incógnita es Courtois. El portero belga se perdió la ida por una lesión muscular, y Lunin cumplió con dos buenas intervenciones antes de los goles. Si Courtois está disponible para el miércoles, el Madrid recupera a su último muro en noches europeas — alguien que ya ha decidido eliminatorias con paradas imposibles. Si no viaja a Múnich, Lunin deberá enfrentarse solo al peso de una noche que puede ser demasiado grande.
Xabi Alonso: cuando el alumno conoce mejor al maestro que el maestro a sí mismo
Hay una dimensión de esta eliminatoria que va más allá del resultado: el duelo entre Xabi Alonso y el club donde se formó como jugador y como persona. El técnico vasco pasó cinco años en el Madrid ganando dos Champions Leagues antes de dar el salto al Bayern. Cuando regresó al Bernabéu la semana pasada, lo hizo como entrenador de primer nivel que conoce a la perfección los rituales, las fortalezas y las costumbres del adversario.
El plan que diseñó para anular a Vinicius — coberturas dobles sistemáticas, cerrar los caminos al interior, forzar al brasileño a salir por la banda sin profundidad — fue tan preciso que resultó evidente que no fue elaborado en una semana. Alonso lleva meses preparando esta eliminatoria. Y en el Allianz Arena tendrá el beneficio del público y de la ventaja para aplicar su plan sin ninguna urgencia.
Para Vinicius, el miércoles es una reivindicación personal tanto como colectiva. El brasileño terminó la ida sin una sola ocasión clara de gol — algo que no le ocurre desde hacía más de quince partidos. En Múnich, lejos de las coberturas sistemáticas o reinventado tácticamente por Ancelotti, necesita ser el jugador que decide eliminatorias europeas. Ese rol es el que lo define. El que el Bayern le quitó en el Bernabéu.
Tres goles y no encajar: el cálculo que el Madrid tiene que resolver
La aritmética es brutal. El Madrid necesita ganar 3-0, 4-1, o cualquier combinación que suponga tres goles de ventaja para avanzar en el tiempo reglamentario. Cualquier resultado en que el Bayern marque obliga al Madrid a meter un gol más. Y cualquier gol del Bayern en los primeros cuarenta y cinco minutos cierra matemáticamente la eliminatoria.
En LaLiga, el Madrid lleva cuatro partidos sin ganar fuera de casa. En Champions, sus dos últimas victorias como visitante llegaron ante equipos del tercer y cuarto puesto de sus respectivas ligas. El Allianz Arena no es ese tipo de escenario.
Pero si hay un equipo que puede hacer lo que ningún equipo debería poder hacer, ese equipo tiene el escudo blanco. El miércoles sabremos si la mística todavía puede más que el análisis.
Cobertura de esta eliminatoria: