Esto hay que decirlo alto y claro, porque la mayoría del mundo lo ignora.

El primer partido internacional de la historia del fútbol fue Escocia contra Inglaterra. 30 de noviembre de 1872. En Glasgow. Un empate 0-0 que fue el principio de todo. De los Mundiales, de las Eurocopas, de las selecciones nacionales, de millones de estadios alrededor del planeta.

El fútbol moderno existe porque un día Escocia decidió jugar contra su vecino.

Y el país que le dio al mundo este deporte lleva 28 años sin aparecer en un Mundial. Francia 1998 fue la última vez. Veintiocho años, seis Mundiales, generaciones enteras de hinchas escoceses que nunca vieron a su selección en el torneo más grande del planeta.

Eso se terminó.

28 años es mucho tiempo para guardar emoción

A ver, aquí hay que ser honesto. No voy a fingir que Escocia ha tenido un ciclo fácil.

Las eliminatorias europeas son crueles. Y los escoceses lo saben mejor que nadie. En el grupo, primero. En las fases previas, después. Siempre tan cerca y siempre cayendo en el momento menos esperado. Como si el fútbol les estuviera haciendo pagar algo que no hicieron.

En la Euro 2020 (jugada en 2021) estuvieron. En la Euro 2024 también. Pero el Mundial es diferente. El Mundial es otra dimensión.

Y cuando el silbato final sonó en esa clasificatoria, cuando estuvo claro que esta vez sí, que este ciclo era el bueno, que la Tartan Army iba a Norteamérica… algo se rompió en el fútbol escocés. De la mejor manera posible.

La Tartan Army: los hinchas más peculiares y más auténticos del mundo

El fútbol tiene hinchadas de muchos tipos. Los que van a ganar. Los que van a celebrar. Los que van a intimidar.

La Tartan Army va a disfrutar.

Es el fenómeno más raro y más hermoso del fútbol internacional: miles de escoceses que viajan a cualquier rincón del planeta, con sus faldas, con sus gaitas, con la cerveza y la canción preparada, y que se comportan de una manera que les ha ganado premios de fair play de FIFA. Sí, premios reales por ser los mejores hinchas del mundo.

No van a ganar el Mundial y no fingen que sí. Van a vivir cada partido como si fuera el último porque saben, con la sabiduría que dan 28 años de ausencia, que ningún momento de un Mundial se puede desperdiciar.

Son la demostración de que ser hincha no se trata solo de ganar. Se trata de sentir.

El Grupo C. Sí, ese grupo.

Brasil. Marruecos. Haití. Escocia.

Cuando salió el sorteo, la primera reacción de cada hincha escocés fue la misma: risas nerviosas. Porque si iba a volver al Mundial después de 28 años, lo iba a hacer en el grupo más difícil del torneo. Con Brasil. Con Marruecos, el equipo revelación de Qatar 2022 que llegó a semifinales. Con el MetLife Stadium de Nueva York como escenario.

Nada de grupos cómodos. Nada de rivales asequibles para el regreso.

Escocia vuelve al Mundial y le toca el camino más empinado. Clásico.

Pero aquí está la clave que los rivales no deberían ignorar: un equipo sin nada que perder es el equipo más peligroso que existe. Nadie espera nada de Escocia en este grupo. Y esa libertad, bien usada, puede hacer cosas que ningún analista tiene en su hoja de cálculo.

Scott McTominay y la generación que llevó a Escocia de vuelta

El Manchester United. El Nápoles. Uno de los mediocampistas más completos que ha producido el fútbol escocés en décadas.

Scott McTominay no es solo un jugador en forma — es el corazón de esta selección. El tipo que en las eliminatorias apareció cuando tenía que aparecer, que marcó los goles importantes, que lideró en los partidos que se tenían que ganar o morir.

Y tiene 29 años. Está en el mejor momento de su carrera. Llega al Mundial como uno de los mediocampistas más en forma del continente.

Si Escocia va a hacer algo histórico en este torneo — si va a robarse un punto contra Marruecos, si va a complicarle la vida a Brasil aunque sea 45 minutos — va a ser con McTominay como motor.

Lo que viene

Brasil en el MetLife. Marruecos después. Haití en el cierre.

En el papel, Escocia es la cuarta del grupo. En el papel, es la víctima designada para que Brasil y Marruecos se lleven los dos boletos.

Pero el fútbol no se juega en el papel.

Se juega en el campo, con once tíos que llevan 28 años sin vivir esto, delante de miles de hinchas que cruzaron el Atlántico para verlo. Con McTominay corriendo, con la Tartan Army cantando, con la historia de 1872 cargada en la espalda.

El fútbol vuelve a casa. Y casa, para el fútbol, siempre ha sido Escocia.


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