Dime que Corea del Sur llega a semifinales del Mundial 2026 y escucho dos respuestas. La primera: “como en 2002, ¿no?” — con esa sonrisita de quien cree que desmonta el argumento recordando las polémicas arbitrales de hace 24 años. La segunda: silencio incómodo seguido de un cambio de tema.

Ninguna de las dos es un contraargumento. Corea del Sur tiene méritos reales para llegar a las cuatro últimas selecciones del torneo. Y el fútbol europeo sigue mirando para otro lado.

El Grupo A es ganable — y ellos lo saben

Empieza por lo más concreto: el sorteo. Corea del Sur está en el Grupo A junto a México, Sudáfrica y República Checa. Es el grupo de un anfitrión bajo presión, una selección africana en reconstrucción y un equipo centroeuropeo sin potencial de victoria.

Corea del Sur debería acabar primera o segunda del grupo sin debatirlo demasiado. Y eso significa que llega a octavos con el camino más abierto que puede tener una selección de su perfil. Nadie que llegue de una fase de grupos difícil tiene el ritmo y el margen que ellos pueden llevar. En un torneo de 48 equipos, esa ventaja de llegada a la fase eliminatoria vale más de lo que parece.

Son Heung-min no es solo nostalgia

Cuando alguien dice “Corea del Sur tiene a Son”, el debate suele cerrarse ahí como si fuera suficiente o como si fuera poco. Los que lo minimizan recuerdan que tiene 34 años y que su mejor versión puede haber quedado en la Premier League.

Permíteme el contraargumento: Son Heung-min a los 34 es todavía uno de los diez extremos más peligrosos del mundo. Sigue con capacidad de uno contra uno, sigue siendo letal en transiciones, y en torneos grandes siempre ha elevado su nivel. No es un recuerdo — es un jugador activo en el nivel más alto.

Pero el argumento real no es Son. Es lo que ha pasado detrás de él.

Lee Kang-in cambió el relato de esta selección

El ciclo anterior de Corea del Sur era dependiente al extremo. Son marcaba, Polonia ganaba. Son no marcaba, Polonia perdía… perdona, el nombre cambia pero la dinámica no. Todo pasaba por un extremo.

Lee Kang-in ha roto esa dependencia. Surgido en la cantera del Valencia, forjado en la Ligue 1 y con capacidad para jugar entre líneas que ningún mediocampista coreano anterior tenía, Lee Kang-in es la pieza táctica que faltaba: el hombre que conecta el mediocampo con Son, que genera espacios sin que Son tenga que bajar a buscar el balón, que puede resolver un partido solo cuando Son está marcado.

En la Copa Asia y en los clasificatorios para el Mundial, este equipo ya no depende de un jugador. Tiene dos.

Kim Min-jae cierra la llave

Cualquier equipo que quiera llegar lejos en un torneo grande necesita no encajar. La historia de los semifinalistas en los últimos tres Mundiales tiene un patrón claro: los equipos que llegaron lejos tenían una defensa que no se rompía en momentos decisivos.

Kim Min-jae es, en este momento, uno de los cuatro mejores centrales del mundo. Lo que ha construido en el Bayern de Múnich no tiene matices — es un defensa de elite internacional que convierte a Corea del Sur en un equipo que no se muere en los partidos que debería morir. Con Kim Min-jae, Corea del Sur no encaja goles fáciles. Y en octavos y cuartos de final, eso es la diferencia entre seguir vivo y coger el avión a casa.

El contraargumento y por qué no alcanza

El argumento contrario más honesto es el siguiente: “en cuartos de final se van a encontrar con una selección europea o sudamericana de primer nivel y no tienen nivel para ganarla.”

Es cierto que en un duelo directo contra Francia, Argentina o Brasil en la plenitud de sus facultades, Corea del Sur es inferior sobre el papel. Pero los torneos no se juegan sobre el papel. Se juegan en noches específicas, con estados de forma específicos, con presiones específicas.

En Qatar 2022, Marruecos llegó a semifinales siendo “inferior” a España y a Portugal en el papel. En el Mundial 2002… ya sabemos. En Rusia 2018, Croacia llegó a la final siendo “el equipo más pequeño de los finalistas en décadas”. Los torneos eliminatorios favorecen a los equipos con identidad defensiva, líderes en momentos de presión y la capacidad de ganar partidos que no se dominan.

Corea del Sur tiene las tres cosas.

Mi predicción

Corea del Sur gana el Grupo A, pasa cómoda a octavos, elimina a un equipo europeo de segunda fila en octavos y llega a cuartos. En cuartos, con el estado de forma del torneo, la solidez defensiva y el factor Son-Lee Kang-in funcionando, tienen el 35% de probabilidades de pasar. No el cien por cien. Pero más que cualquier quiniela les está dando ahora mismo.

¿Semifinales? Posible. ¿Seguro? No existe lo seguro en un Mundial de 48 equipos donde el formato premia la consistencia y la organización sobre el brillo individual.

Pero si alguien llega a las últimas cuatro siendo “la sorpresa del torneo”, va a ser Corea del Sur. Y nadie va a poder decir que no lo vio venir. Excepto que lo podían. Y eligieron no mirar.


Análisis táctico completo en Formación de Corea del Sur en el Mundial 2026. Para el contexto de grupo, lee la previa del Grupo A. Más hot takes en el hub Mundial 2026.