Bélgica no va a ganar el Mundial 2026. No va a llegar a semifinales. Y probablemente no pase de octavos. Ahí lo tienes. El take que nadie en Bruselas quiere escuchar, pero que todo el mundo fuera de Bélgica sospecha en silencio.
La generación dorada más sobrevalorada de la historia del fútbol llega a su último torneo con una verdad incómoda: nunca ganaron nada. Y no hay razón lógica para pensar que esta vez será diferente.
El pico fue 2018 — y ya pasaron ocho años
Bélgica terminó tercera en Rusia 2018. Fue un torneo brillante: le ganaron a Brasil en cuartos con una masterclass táctica de Martínez y un De Bruyne estelar. El consenso dijo “esta generación va a ganar algo grande”. Ocho años después, el palmarés sigue vacío.
En la Eurocopa 2021, cayeron en cuartos ante Italia. En Qatar 2022, ni siquiera pasaron de la fase de grupos — eliminados por Marruecos y una Croacia que ni sudó. En la Eurocopa 2024, otra vez fuera en cuartos, esta vez contra Francia. La tendencia no es ambigua: es una línea recta descendente.
¿Qué ha cambiado entre 2024 y 2026 para pensar que la curva se invierte? Absolutamente nada. De hecho, todo ha empeorado.
De Bruyne a los 35: genio con fecha de caducidad
Kevin De Bruyne fue el mejor mediocampista del mundo durante cinco años. Fue. Hoy tiene 35 años, un historial de lesiones musculares que asusta, y una temporada en el Manchester City donde ha alternado titularidad con la enfermería de forma preocupante.
En su pico, De Bruyne podía ganar partidos solo con un pase. A los 35, necesita un sistema que lo proteja. Y Bélgica no tiene ese sistema. Tedesco no ha construido una estructura que compense el declive físico de su estrella. En cambio, sigue dependiendo de que Kevin tenga un día inspirado. Apostar tu Mundial a la salud y forma de un jugador de 35 años no es valentía — es irresponsabilidad.
Compara con lo que hace España con Pedri, Gavi y Rodri: un mediocampo joven, hambriento, con un sistema definido. O con lo que hace Alemania con Wirtz y Musiala, que tienen 22 años y ya dominan partidos de Champions. Bélgica entra al Mundial con un mediocampo que mira al pasado mientras sus rivales miran al futuro.
Lukaku: goles en Turquía, fantasma en torneos
Romelu Lukaku es el máximo goleador histórico de Bélgica. Ahora mira dónde marca esos goles: la Süper Lig turca. Una liga que no está entre las diez mejores de Europa.
En torneos grandes, la historia es otra. En Qatar 2022, Lukaku falló tres ocasiones claras contra Croacia en un partido donde un gol clasificaba a Bélgica. En la Eurocopa 2024, desapareció cuando más se le necesitaba. Lukaku es un delantero de ligas cómodas y partidos intrascendentes. Cuando la presión sube, se convierte en el jugador más frustrante del planeta.
Tedesco no es el técnico para romper la maldición
Domenico Tedesco llegó al banquillo belga como una apuesta joven y atrevida. Dos años después, el veredicto es claro: Bélgica juega sin identidad. No son el equipo de posesión que fueron con Martínez. No son un bloque defensivo sólido. Son un grupo de nombres famosos que sale al campo y espera que el talento individual resuelva.
El Grupo G — Irán, Nueva Zelanda, Egipto — es manejable. Bélgica pasará de grupos. Pero, ¿qué pasa cuando en octavos se crucen con Francia, Argentina o Inglaterra? Un equipo sin sistema, con veteranos en declive y un técnico sin experiencia en torneos de élite. La receta perfecta para otro “pudo ser y no fue”.
El contraargumento (y por qué no alcanza)
“Pero tienen a Doku, Openda, Trossard, la nueva generación…” Correcto. Hay talento joven. Pero Doku es un extremo inconsistente que desaparece en partidos grandes. Openda todavía no ha demostrado ser un 9 de selección top. Y Trossard, con todo su mérito en el Arsenal, no es el tipo de jugador que cambia un partido eliminatorio por sí solo.
La “nueva generación” de Bélgica es buena. Pero no es la de España ni la de Alemania. Es una generación de complementos sin un líder claro que tome el relevo de De Bruyne. Y cuando De Bruyne se apague en el minuto 70 de un partido de octavos, ¿quién toma el mando?
Nadie. Ese es el problema. La generación dorada de Bélgica tuvo una década para ganar algo grande. No lo hicieron. El Mundial 2026 no es su redención — es su funeral. Y los Diablos Rojos llegarán al torneo vestidos de negro sin saberlo.
Guarda este artículo. Cuando Bélgica caiga en octavos contra una selección que corre más, quiere más y tiene más hambre, recuerda quién te lo dijo.
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Opinión provocadora. Los hechos son los hechos.